Neuro-ciencia ficción: del cerebro a la máquina, y viceversa.
El futuro llegó. Recuerdo que al inicio del año 2000, a parte de presenciar una nueva refutación de las teorías de acabo de mundo, una idea circulante era “bueno… aquí estamos y los autos no vuelan”. Pero otras de las fantasías era la de conexiones causales directas entre “mente” y mundo, o mente-mundo-mente mediadas por tecnología.. lo último satíricamente graficado en la escena de ’sexo’ entre Sandra Bullock y Stallone en Demolition Man. Continue Reading »
nfasis, y por consiguiente, se han montado grandes empresas investigativas al respecto, es el de la conciencia, un campo bastante difuso y que ha surgido desde la neurociencia cognitiva como un pilar de suma importancia si es que queremos entender la mente humana. Así, se han iniciado líneas de investigación bastante fuertes, fructíferas y serias (aunque algunas no tanto), dando a su paso una gran cantidad de publicaciones científicas en el área, así como también la publicación de algunos libros recopilatorios de estos trabajos, a modo de manuales introductorios al tema. Es tanto así que incluso un científico tan reputado como Francis Crick (uno de los coautores del famoso artículo publicado en Nature en la década de los 50 que descubría la doble hélice del DNA –el otro era James Watson) ha iniciado una propuesta de investigación en el área de la conciencia (que tiene relación con una sincronización neuronal a los 40Hz). Sin embargo, desde mi punto de vista, las empresas neurocientíficas que se dedican a lo que se ha querido llamar conciencia son espurias. Intentaré dar mis argumentos de la forma más breve posible y un espacio razonable para un blog, como es éste, sin adentrarme en las teorías que del constructo existen.
La memoria es un proceso cognitivo básico que se encuentra presente en casi todos los animales, sin importar su reino, variando en la complejidad del mecanismo. La memoria podríamos definirla como la capacidad de almacenar información, y su posterior recuperación. Así, la memoria posee subprocesos que la subyacen, como son la codificación, la consolidación y la recuperación de la información. Este mecanismo muchas veces se solapa con otro proceso, de mayor complejidad, pero que requiere de la memoria (además de otros procesos cognitivos básicos) para funcionar de forma óptima: el aprendizaje. El aprendizaje lo podríamos definir básicamente como la adquisición de una respuesta conductual debido a un estímulo ambiental. Por lo mismo, se debe almacenar información nueva en el sistema cognitivo, para así luego recuperarla y modificar la conducta en presencia de un contexto dado. Es así como en las neurociencias, teniendo en cuenta estos dos fenómenos férreamente enlazados, hablamos de “paradigmas de memoria y aprendizaje” para el estudio de estos procesos en particular.
n la literatura que la amígdala cumpliría un rol fundamental en aquellas conductas relacionadas con la memoria emocional. Regularmente estos estudios comparan un grupo control de roedores con un grupo experimental que tenga algunas lesiones en la amígdala, o alteraciones genéticas en ésta, observando el rendimiento conductual de ambos grupos en tareas específicas en donde esté involucrado el aprendizaje y la memoria emocional. Lo más recurrente es que se utilicen dos tareas conductuales típicas
Dentro de los distintos paradigmas para el estudio del aprendizaje y la memoria, los modelos animales tienen una vital importancia, debido a tres grandes razones: mayor control de variables intervinientes, el ser sujetos más fácilmente manipulables, y por último, el poder interactuar con el cerbero de forma directa, por medio principalmente de la disección de éste y el tratamiento (ya sea neuroquímico-molecular o electrofisiológico) de aquellas áreas neuronales a estudiar, que en el caso de la memoria y el aprendizaje, suelen ser rebanadas de hipocampo (o zonas parahipocampales, como son las cortezas perirrinal, o la entorrinal), amígdala, zonas prefrontales y cerebelo (entre otras). 


