El Estudio de la Conciencia
Hoy en día, uno de los temas en los que se ha puesto mucho é
nfasis, y por consiguiente, se han montado grandes empresas investigativas al respecto, es el de la conciencia, un campo bastante difuso y que ha surgido desde la neurociencia cognitiva como un pilar de suma importancia si es que queremos entender la mente humana. Así, se han iniciado líneas de investigación bastante fuertes, fructíferas y serias (aunque algunas no tanto), dando a su paso una gran cantidad de publicaciones científicas en el área, así como también la publicación de algunos libros recopilatorios de estos trabajos, a modo de manuales introductorios al tema. Es tanto así que incluso un científico tan reputado como Francis Crick (uno de los coautores del famoso artículo publicado en Nature en la década de los 50 que descubría la doble hélice del DNA –el otro era James Watson) ha iniciado una propuesta de investigación en el área de la conciencia (que tiene relación con una sincronización neuronal a los 40Hz). Sin embargo, desde mi punto de vista, las empresas neurocientíficas que se dedican a lo que se ha querido llamar conciencia son espurias. Intentaré dar mis argumentos de la forma más breve posible y un espacio razonable para un blog, como es éste, sin adentrarme en las teorías que del constructo existen.
Primero que nada, cualquier programa científico que se digne de tal debe tener una definición que enmarque, aunque sea de forma difusa, lo que pretende investigar. Cualquier término o enunciado científico, tiene componentes teóricos de los cuales se desprende o dicen relación con manifestaciones empíricas en el mundo físico. Así, ya sea que los conceptos o enunciados de una teoría estén dados por inducción o deducción, estos debieran ser claros para así avanzar en el campo de estudio. Esto no pasa ni remotamente con la conciencia. Es tan nebuloso el término, que incluso lleva a los autores a plantear viejas disputas cartesianas respecto al dualismo. Así, hay investigadores con visiones epistemológicas radicalmente opuestas dependiendo de su programa de investigación. Esto ya resulta extraño para cualquier empresa científica. Sin embargo, este sólo es el principio de una serie de problemáticas con las que cuenta esta en particular. Su poca claridad, que comienza desde sus concepciones epistemológicas, se presenta también tanto en su cuerpo teórico como experimental. Cada laboratorio que investiga este tema define a su manera lo que considerará conciencia, y desde aquella definición, hurgan en determinadas áreas cerebrales para encontrar lo que su hipótesis predijo anteriormente. En otros rasgos cognitivos, como la memoria, el lenguaje o la percepción, la definición teórica y experimental es mucho más clara, por lo que se aúnan voluntades bajo una cúpula común. Y si bien puede haber diferencias en los resultados y en las áreas cerebrales a investigar, se tiene cierta dirección hacia dónde deben apuntar los esfuerzos científicos. Nada de esto sucede con el tema de la conciencia, pues cada escuela sigue su propio camino, dándole a sus datos el carácter de correctos y verdaderos. Todo esto se vuelve aún más engorroso y poco riguroso cuando lo que se busca como conciencia es desentrañar el misterio de los famosos qualia. Autores como Searle proponen que la conciencia es efectivamente un conjunto de qualia, por tanto, la investigación científica debe apuntar a desentrañar estos. Y estas investigaciones deben ser en primera persona, ya que los qualia son vivenciados por un yo sintiente que tiene un privilegio epistémico respecto de un observador. Hay una gran cantidad de escuelas que siguen esta premisa, siendo una de ellas la de nuestro compatriota Francisco Varela (pese a que hoy por hoy, luego de su muerte, su legado se ha ido perdiendo). Desde mi perspectiva, el investigar los qualia es un poco perder el rumbo. La Ciencia es una disciplina que nace bajo una mirada en tercera persona, de un observador que se asombra ante el mundo, y por tanto, lo trata de entender por medio de un método riguroso que le permite hacerlo. Sus conclusiones luego las compara con una comunidad de otros observadores para que den su apreciación respecto a lo que él encontró. Así, se llega a una verdad científica, si es que los otros investigadores no disienten de los hallazgos. Al dar con un tema en donde sólo tiene autoridad la primera persona ¿cómo aunamos criterios para validar las verdades que de allí se desprenden? La validación de resultados se vuelve compleja desde esta mirada. Además, es innecesario apelar a entidades con estas características en neurociencia. No digo que una persona realmente no sienta la rojedad del rojo, sino que los qualia son espurios para la explicación. Digamos, por ejemplo, que alguien tiene sensores (llamémosles conos) que discriminan el color verde. Además, tiene una unidad central que procesa esta información. Y si fuera poco, la conducta de esta persona es como si discriminara el verde. En todo este burdo ejemplo no necesito decir que esta persona sintió la verdosidad del verde, y sin embargo, puedo decir que esta persona ve y discrimina el verde. En memoria, por ejemplo, uno no necesita saber si la rata tiene recuerdos vívidos de un electroshock o no. Lo importante es que se acuerda de un hecho pasado. Punto. Es un hecho que el murciélago tiene ecolocalización, pese a no saber cual será el qualia de ese sentido
Desde mi punto de vista, la investigación en el tema de la conciencia es innecesaria para las ciencias cognitivas. No tiene una definición clara, ni un cuerpo teórico ni empírico poderoso, apela a entidades extrañas como los qualia y además suscita antiquísimos dilemas filosóficos. Los fenónemos que explica la investigación en conciencia también pueden ser entendidos por medio de conceptos mucho mejor estudiados y que tienen más sustento, como working memory, arousal, percepción, etc. Creo que la investigación en conciencia no aporta nada nuevo, siendo muy pretencioso su objeto de estudio (incluso se ha llegado a afirmar que la conciencia es el mayor misterio del universo) y muy escaso el alcance de sus resultados, además de dudosos y oscuros. Los intentos de dar cuenta sobre el fenómeno de la conciencia seguirán siendo vacuos si es que 1) no se logra llegar a una definición satisfactoria, o una redefinición de sus conceptos teóricos a partir de, y desde donde desprender 2) un programa de investigación que apunte a situar empíricamente el constructo, tanto en sus bases biológicas y/o formales (cognitivas), y por último 3) dejar de tratar el fenómeno cognitivo a estudiar como un hecho cualitativo irreductible, privado, en primera persona y de carácter distinto a todos los demás fenómenos del universo. Creo que lo más importante al respecto es limpiar el concepto y darle profundidad teórica y empírica, eliminando entidades con características particulares innecesarias para una explicación parsimoniosa, que es lo que pide la ciencia desde la Navaja de Occam. Cuando esto ocurra, se podrá ver si el concepto de “conciencia” aporta algo nuevo a lo que ya sabemos respecto a los mecanismos formales y biológicos de las operaciones cognitivas.
La memoria es un proceso cognitivo básico que se encuentra presente en casi todos los animales, sin importar su reino, variando en la complejidad del mecanismo. La memoria podríamos definirla como la capacidad de almacenar información, y su posterior recuperación. Así, la memoria posee subprocesos que la subyacen, como son la codificación, la consolidación y la recuperación de la información. Este mecanismo muchas veces se solapa con otro proceso, de mayor complejidad, pero que requiere de la memoria (además de otros procesos cognitivos básicos) para funcionar de forma óptima: el aprendizaje. El aprendizaje lo podríamos definir básicamente como la adquisición de una respuesta conductual debido a un estímulo ambiental. Por lo mismo, se debe almacenar información nueva en el sistema cognitivo, para así luego recuperarla y modificar la conducta en presencia de un contexto dado. Es así como en las neurociencias, teniendo en cuenta estos dos fenómenos férreamente enlazados, hablamos de “paradigmas de memoria y aprendizaje” para el estudio de estos procesos en particular.
n la literatura que la amígdala cumpliría un rol fundamental en aquellas conductas relacionadas con la memoria emocional. Regularmente estos estudios comparan un grupo control de roedores con un grupo experimental que tenga algunas lesiones en la amígdala, o alteraciones genéticas en ésta, observando el rendimiento conductual de ambos grupos en tareas específicas en donde esté involucrado el aprendizaje y la memoria emocional. Lo más recurrente es que se utilicen dos tareas conductuales típicas
Dentro de los distintos paradigmas para el estudio del aprendizaje y la memoria, los modelos animales tienen una vital importancia, debido a tres grandes razones: mayor control de variables intervinientes, el ser sujetos más fácilmente manipulables, y por último, el poder interactuar con el cerbero de forma directa, por medio principalmente de la disección de éste y el tratamiento (ya sea neuroquímico-molecular o electrofisiológico) de aquellas áreas neuronales a estudiar, que en el caso de la memoria y el aprendizaje, suelen ser rebanadas de hipocampo (o zonas parahipocampales, como son las cortezas perirrinal, o la entorrinal), amígdala, zonas prefrontales y cerebelo (entre otras). 


