Ocuparé la misma inspiración que mi estimado Rene utilizó para concebir su interesante artículo “La neuroeconomía de la holgazanería”, pues la autorreferencia.
Hace unos meses escribí acerca de los dilemas sociales y de un caso bastante concreto en el cual estos se ven reflejados en la realidad: ¿Pagar o no pagar la micro en el Transantiago? El gran dilema cotidiano de muchos santiaguinos (aunque tomar la segunda opción probablemente no es mayor dilema para muchos).
Esta vez me gustaría compartir la experiencia que me ha significado presenciar esta situación desde el que será mi nuevo hogar por los próximos dos años, a saber Australia. Desde mi llegada a Brisbane (para estudiar inglés y luego un master en la Universidad de Queensland) me llamaron la atención las similitudes del transporte público de la cuidad con el Transantiago, las cuales van desde el modelo de los buses hasta el hecho de que se puede pagar con una tarjeta al estilo Bip!, con la salvedad que en esta cuidad además se puede pagar dentro de la micro por un ticket que tiene la misma función de servir para hacer trasbordos durante dos horas con otros buses, el tren y el Citycat que es un ferry que atraviesa el río de la cuidad.
La llamativa similitud de los buses y la forma del sistema contrasta, no obstante, con el comportamiento de sus ocupantes: las personas simplemente se suben, TODAS pagan su pasaje con la tarjeta y si no tienen dinero en ella se acercan al chofer y compran su ticket, todo esto con calma y con la absoluta indiferencia del conductor de la “maquina”.
Debo reconocer que cuando vi la indiferencia del conductor en relación al pago del pasaje me sentí tentado a aprovecharme del sistema, contemplando que estoy recién llegado y el gasto de dinero ha sido no menor, me pareció por un instante una opción razonable. Sin embargo, no lo hice. Me sentí concretamente en un dilema social donde las razones para cooperar fueron realmente más fuertes y esa fue la única razón por la cual no saqué provecho personal de una situación en la que es absolutamente posible.
Creo que el principal motivo por el cual yo cedí a la cooperación es lo que efectivamente se ha dado a conocer en la literatura de los dilemas sociales como “soluciones” y “estrategias” de bien común para estos: ver que los demás cooperan, conocer las consecuencias de la no-cooperación, sentir reales beneficios de la cooperación ya que efectivamente el sistema es excelente, entre otras. Las personas parecen confiar tanto en sus semejantes, como en las instituciones que manejan los recursos de su sistema de transporte, sistema del que se sienten muy orgullosos ya que dentro de cualquier conversación con algún nativo la referencia al gran sistema de transporte es obligada. Es probable que incluso se esté en el punto de eliminación del dilema, situación que se da cuando las personas ni siquiera se plantean la opción egoísta, es decir, ellos no se enfrentan a un dilema al subirse a la micro ya que probablemente la opción de no pagar y beneficiarse de un servicio a costa de sus pares parece no estar dentro de su repertorio de acción, simplemente hacen lo que tienen que hacer: cooperar.
He conversado de esto con otros sudacas que andan por acá, y todos luego de verse tentados al aprovechamiento a la larga decidieron cooperar. Es interesante y a la vez estéticamente bello observar como una estrategia cooperativa se estabiliza dentro de un grupo humano, el cual funciona serenamente entorno a su beneficio común, sabiendo que sus acciones ciertamente congracian al grupo en el que se encuentran y donde la elección del aprovechamiento y por lo tanto riesgo de que el sistema se desestabilice al popularizarse la opción desertora, queda relegada aparentemente sólo a la reflexión académica.
Otro caso interesante ocurre con el tratamiento que en Australia se le da al agua como un recurso de uso común y donde se enfatiza en cómo el comportamiento de los individuos con ésta afecta al grupo… en fin, ciertamente el tema de los recursos naturales da para otro post.

gpardoca | 02-Mar-09 at 3:10 pm | Permalink
Impresionante. Ahora, tengo un par de dudas:
- ¿Existe alguna clase de sanción si evades el pago?
- ¿Hay fiscalización? (Un tipo revisando los tickets y/o las tarjetas)
- ¿Hay flaites? xD
Cuánto me gustaría que mi Santiago querido fuera así…
Claudio | 03-Mar-09 at 4:15 am | Permalink
Buenas preguntas, vamos de a una:
- Respecto de las sanciones por evasión no conozco la formalidad, creo que sería interesante consultar aquello. Averiguaré
- La fiscalización es nula, el chofer practicamente no te mira al subir y nadie revisa los ticket.
- Y de los “flaites” nada… quizas los sudacas lo seamos para estos gringos…
Comparto el adjetivo impresionante, en especial respecto al equilibrio que parece haber en torno a este comportamiento cooperativo, el que se refuerza claramente con la calidad del servicio recibido (beneficios). Esa es claramente otra variable muy relevante en el asunto y una diferencia con el caso de nuestro Santiago querido.
René | 06-Mar-09 at 11:36 am | Permalink
Veo que al menos volverás con mejores modales…