Neuroeconomía de la crisis: el ataque subterraneo del pleistoceno

Soy de la idea, como varios, de que el comunismo se cayó porque no estamos construidos para funcionar en un sistema socialista (en términos del modelo soviético); a menos que se monte un aparato de propaganda suficientemente invasivo y se confisquen suficientes libertades individuales como para acallar la tendencia natural a “ser halcón” cuando todos (menos los cerdos orwellianos) “son palomas”…. Y ahora resulta evidente que tampoco andamos bien con el liberalismo miltoniano por una razón abordada repetidamente en esta bitácora: supone la racionalidad, temporal y situacionalmente descontextualizada, de los involucrados en las transacciones económicas.

No conozco ni facilmente podría entender todo el mecanismo que desencadenó los efectos financieros que ahora se conoce como crisis de las hipotecas subprime, pero puedo advertir tres cosas: 1) es el resultado de muchas pequeñas y descentralizadas decisiones estúpidas tomadas por gente normal; 2) entre esa gente están los que toman hipotecas 2/28, los ejecutivos que venden hipotecas de ese tipo (y los jefes de los mismos), y las corredoras de bolsa que transan y re-transan paquetes de deudas impagables (en estricto rigor, si bien los efectos se propagan más allá de aquel al que le revienta la burbuja, varios intermediarios están hoy mejor que antes gracias a la especulación); 3) el patrón común de estas decisiones estúpidas tiene que ver con el descuento exponencial que sufre la función de valor en el tiempo.

Tomemos el caso del que toma la hipoteca por ser el más sencillo, para luego ver como la neurociencia cognitiva está dando luces acerca de algunas de las causas y algunas de las variables a tener en cuenta en políticas sociales y económicas que pretendan prevenir el llamado “endeudamiento irresponsable”.

Muchas de las hipotecas a la base de la crisis son del tipo 2/28, que no quiere decir nada más que un crédito a 30 años tiene una tasa de interés fija, y muy conveniente, los 2 primeros años, para luego ajustar de forma flexible la tasa por los siguientes 28 años. Lo que ocurrió fue que la mayoría de las personas no pudieron seguir pagando hipotecas que al cabo de los 2 años del periodo flexible (/28) costaban mensualmente el doble de lo que costaban al comienzo del período anterior (2/).

Entonces, ¿por qué la gente tomaba hipotecas de este tipo?, ¿no se daban cuenta de que no serían capaces de pagar su hipoteca durante 28 de los 30 años del acuerdo? Como deja ver un estudio de Samuel McClure y Jonathan Cohen, entre otros (del centro de estudio del cerebro, mente, y comportamiento de Princeton) el atractivo de este tipo de oferta o acuerdo económico, a pesar de su atrocidad económica, puede deberse a que la misma toma ventaja de un fallo (lo que para un software sería un “bug“) presente seguramente en todos los cerebros contemporaneos, dado su acentamiento en el pool genético en el contexto del pleistoceno, época en que no era una falla por las condiciones sociales y ambientales del período.

El tema se simplifica así: Tendemos a sobrevalorar ganacias inmediatas (una casa nueva) a expensas de futuros costos (alto costo del crédito en términos de intereses). Lo mismo, cambiando lo que está entre paréntesis, se aplica a los otros actores mencionados: ejecutivos que venden créditos basura a expensas de la supervivencia del banco que lo emplea, las agencias de bolsa, etc. Planteado así podemos entender que un mecanismo que aumentaba las probabilidades de sobrevivir y reproducirse en el contexto de escacez de la era glacial, ataca subterraneamente la sustentabilidad de un sistema financiero desregulado. Lo interesante es que, como en el caso del socialismo soviético, el germen destructivo nuevamente lo llevamos nosotros, en los patrones de conexión y acción que se acentaron en el cerebro 2,5 millones a 10.000 años atrás.

Los detalles del estudio pueden verlos en el artículo original, y hacer seguimiento a sus secuelas. Me interesa decir sólo dos cosas sobre él: 1) Muestra como el rechazo de un beneficio inmediato, es pos de un beneficio mayor en el futuro se asocia al funcionamiento de regiones prefrontales comunmente asociadas a la deliberación racional; mientras que la elección contraria se asocia al funcionamiento de un sistema mucho más “automático” (emocional y de respuesta rápida) vinculado a la liberación de dopamina en el mesencéfalo; 2) El estudio es del 2004, cuando la crisis no existía en los diarios. En este contexto George Loewenstein, uno de los autores del estudio citado, ya hablaba de la importancia de estos estudios para “comprender los mecanismos que nos hacen tomar malas decisiones, de modo que podamos diseñar los incentivos y programas necesarios para compensar los sesgos irracionales”. Creo que hace falta dar ese salto del laboratorio a la política pública, y que es loable si aporta a la prevención de bancas rotas familiares, luego nacionales, luego familiares, luego mundiales…. y así; como se supone que viene la ola.