Escuché por estos días una conferecia TED de lo más simpática, dictada por Barry Schawartz, acerca de su libro The Paradox of Choice. En el mismo, y en la misma, Schawartz crítica, con humor sociológico, lo que llama el dogma de la cultura occidental moderna:
“Que es necesario maximizar el bienestar; que esto significa maximizar la libertad; que ésto significa maximizar las posibilidades de elegir y el número de opciones para cada elección“, es decir, el dogma de que mayor poder de elección significa mayor libertad, y mayor libertad mayor bienestar.
Schawartz, apelando a ejemplos cotidianos, argumenta que la abundancia de opciones genera tanto “estrés”, que nos hace “miserables”.
Mi ejemplo favorito es el que cuenta en referencia a las ocasiones en que acompaña a su esposa a comprar ropa; tras probarse 8 distintas opciones y consultarle a él por como le queda cada una, elije una, pero la duda de haber o no tomado la decisión correcta le genera más “infelicidad” que la “felicidad” que conlleva la prenda elegida… “ella queda insatisfecha y yo cabriado”.
Ahora, lo señalado por Schawartz tiene un buen soporte en el concepto microeconómico de Coste de Oportunidad: la opción elegida puede asociarse a una ganancia en bienestar, pero se asocia también a un costo referido a la no obtención de la satisfacción que las demás opciones pudieron brindar.
En etología un ejemplo claro es la elección con fines reproductivos que hace una hembra entre los machos disponibles; supone la ganancia de la reproducción misma, multiplicada por el valor relativo del genotipo del macho, pero supone el costo asociado a la pérdida de todas las oportunidades reproductivas por el período de tiempo de gestación (al menos).
En ciencia cognitiva existe un problema muy relacionado, referido a cómo los organismos alternan adaptativamente entre comportamientos explorativos (”exploración de distintas opciones”) y explotativos (”extracción del máximo beneficio posible de la opción elegida”); este artículo plantea un modelo interesante.
En el tipo de sociedad que describe Schawartz el dibujo de arriba presenta un buen ejemplo. Seguro que se les ocurren más, están por todas partes!!, muchas de las conversaciones en que participamos diariamente tienen un guión parecido.

Sebastián Prieto | 26-Feb-08 at 3:35 pm | Permalink
Estimado René:
Buen posteo. Me parece interesante la asociación con los postulados de varios investigadores en NC cognitiva, Damasio entre ellos y mi referencia en particular, respecto a la realidad de las elecciones y toma de desiciones en general. Para una mayor descripción del postulado de los marcadores somáticos y la toma de desiciones, se puede ver el artículo expuesto en este mismo blog por Claudio Lavín el 13 de septiembre (y su discusion posterior). Considerando estos hallazgos, parece ser que las desiciones se tomaran sin la gran influencia del razonamiento que nosotros suponemos.
Siendo así, el forzar un proceso racional en la toma de desiciones, fundamentalmente a través del aumento del numero de opciones (practimamente ilimitado el dia de hoy entre Internet y los malls), conlleva un doble impacto. El beneficio estaría dado por la posibilidad de elegir mejores opciones que las aprendidas a traves del desarrollo historico del individuo y de la especie, pero a costa de un esfuerzo cognitivo mayor, con el estres consecuente.
Sin duda, el poder humano de racionalizar/verbalizar los problemas es una piedra angular en el desarrollo de los homo, y ha permitido mejoramientos continuos en nuesatro desarrollo. Sin embargo, y el tema de este posteo parece ser una muestra de ello, existe el riesgo de abusar de su utilidad.
Como la mayoría de las cosas, parce no haber recetas magistrales en este tema. Si tengo que decidir acerca de que cirujano debe hacerse cargo de la operación de mi hijo, el costo cognitivo que implique el analizar los curriculums de cada uno de los postulantes parece justificado. En cambio, quizas sea recomendable recurrir al ahorro en temas menos relevantes, segun la escala de importancia individual, como las compras del supermercado o la eleccion de vestidos de la Sra. Schawartz. Todo depende, eso si, de cuanto nos importe a cada uno.
Germánico | 18-Mar-08 at 4:36 pm | Permalink
El chiste gráfico que acompaña el post es genial. Lo voy a poner en mi blog, con vuestro permiso.
Decía Pinker en no sé cúal de sus libros que la gente más feliz era la gente “media”, entendiendo por tal la que tenía una posición económica, un status, medio. Esto se explicaría porque no están en la miseria, pero no viven en una abundancia ilimitada, con esa libertad de elección desmesurada, en la que viven los ricos, que tantas veces lleva a la infelicidad. El tener que ganar el pan con el sudor de la frente a diario, ganando el suficiente pan pero también el suficiente y no demasiado tiempo libre, proporciona una dicha, un bienestar moderado, que mantiene a flote al individuo. No tener de todo genera ilusiones. Cuando uno tiene limitadas las opciones no sólo evalúa mejor sus costes de oportunidad, sino que jerarquiza mejor sus objetivos, y atiende al hacerlo mejor a su naturaleza planificadora.
Neuroeconomía :: Microcomputador gusano-incorporado para la exploración/explotación de alimentos | 09-Jul-08 at 6:37 pm | Permalink
[...] relevante para los estudios en neuroeconomía. Algo de ésto ya fue planteado en referencia al coste de oportunidad, y seguramente tocará abordarlo con más [...]